Fiebre del Shangri-la

Anoche la manta sudada
apretaba sus recuerdos y olores
contra mi pecho moribundo.
Un cáliz de recuerdos
derramaba su estigma invisible.
Un caballo ciego, y febril
era mi montura
en la interminable espiral
del carrusel de los sueños.
Un despertar prematuro
alba de ropa empapada
en la vigilia de los colores…
Ultima esperanza
para hacer multicolor
esta cáscara gastada.
Anoche la manta sudada
hablo de la ciudad de la muerte
del escaso sentido de la esperanza,
del inútil poder de la fortuna,
del que camina entre dormidos
y sueña entre los despiertos.


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